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🤪 La Inteligencia Artificial nos vuelve tontos

🤪 La Inteligencia Artificial nos vuelve tontos

«Si bien las máquinas se vuelven cada vez más inteligentes, los sistemas de inteligencia artificial satisfacen a los seres humanos y se les anima a volverse más tontos»

Rajiv Maholtra en «Artificial Intelligence and the Future of Power: 5 Battlegrounds«

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Sigo con el libro de Rajiv y en esta ocasión he querido compartir contigo la frase con la que empieza el boletín de hoy. Es una idea que es recurrente en muchos autores que dedican su atención a la tecnología y a como nos afecta social e individualmente.

Autores como Yuval Noah Harari hablando de como podemos llegar a ser superhumanos (aunque no todos tendremos posibilidades para ello), Nicholas Carr de la neuroplasticidad de la mente y de cómo Google nos vuelve estúpidos, Kai-Fu Lee sobre la Inteligencia Artificial y todo lo que puede desarrollar, Soshana Zuboff describiendo una sociedad basada en la vigilancia o Daniel Susskind cuando describe en su libro Future Politics a dónde puede llegar la gobernanza a causa de la cesión en la toma de decisiones, pueden llegar a plantear un futuro distópico, al menos sobre el papel.

Rajiv en el capítulo dedicado a la batalla por el ser entre la Inteligencia Artificial y el ser humano habla de esta contienda teniendo en cuenta aspectos como la superación de corrientes de pensamiento como el liberalismo o el humanismo para hacernos entender en que punto nos encontramos y hacia dónde nos dirigimos al asumir que unos algoritmos tomen decisiones por nosotros casi sin límite.

La clave de todo esto está en que poco a poco cedemos nuestra capacidad de decisión a los algoritmos. Casi todos hemos dejado en sus manos que nos guíen para llegar de un punto a otro. ¡Qué haríamos ahora sin un navegador! Estamos empezando a dejar que nos sugieran las respuestas de los mails, qué comprar, qué leer y casi qué pensar.

«La noción del yo se erosionará como resultado de una mayor dependencia externa de los algoritmos que interrumpen el sentido natural de la individualidad humana y el libre albedrío. Los seres humanos se alejarán de la dirección propugnada por tradiciones espirituales, llevando el materialismo a nuevos niveles.»

¿Y por qué cedemos nuestro libre albedrío? Sencillamente porque nos rendimos ante la frase de que todo esto es para facilitarnos la vida. Y en parte es verdad. Son multitud de cosas las que los algoritmos hacen por nosotros. Y eso nos hace caer en el engaño de que es más tiempo para nosotros. Pero en realidad lo que hacemos es alimentar a un sistema que necesita datos y datos para poder seguir desarrollándose. Nos necesita atrapados en sus apps, en sus sistemas para que le cedamos información de a dónde vamos, qué comemos, cuando hacemos ejercicio, con quién nos relacionamos, qué música escuchamos, qué leemos… En definitiva nos dejamos cautivar por un sistema que nos tienta con la facilidad y nos proporciona distracción sin fin.

Los humanos que anhelan los placeres carnales, las fantasías y otros estímulos estéticos se convertirán en imbéciles felices manejados por una inteligencia digital entrenada en psicología. Aunque serán numéricamente la mayoría, carecerán de agencia en cualquier sentido realista y pragmático.

Poco a poco esta sustitución del nosotros, del yo, por las máquinas acabará convirtiéndonos, como en Matrix, en elementos que alimentan su sistema. Nos volveremos en piezas que para que funcionen necesitan una realidad hasta cierto punto agradable y que nos obligue – de manera voluntaria – a ceder nuestra voluntad.

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La verdad es que no soy tan pesimista. Pero si que es cierto que si no ponemos remedio, que si no nos ponemos en serio con una dieta digital, si no desconectamos de cuando en cuando, si no recuperamos nuestra capacidad de decidir en determinados aspectos, acabaremos tontos.

Apaga de vez en cuando el navegador cuando vayas en el coche, o toma deliberadamente otra dirección. Confunde a los sistemas de recomendación mirando cosas que no te interesan en absoluto. Vuelve a confiar en los que te rodean y sí, en el cuñado también, para saber qué hacer o qué comprar.

🤔   “You are the only one who can define your success"

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