Entre troles y verdades, el nuevo mundo de X

Elon Musk y la transformación de X representan un punto de inflexión en el manejo de redes sociales y la opinión pública.
En la última década, las redes sociales han dejado de ser simples plataformas de comunicación para convertirse en actores clave a la hora de configurar la opinión pública. Ninguna plataforma ejemplifica este cambio mejor que X (anteriormente Twitter), la cual ha desempeñado un papel clave en eventos como elecciones presidenciales y movimientos sociales. Desde que Elon Musk adquirió la compañía en 2022, la plataforma ha experimentado una transformación radical, con cambios en sus políticas de moderación de contenidos y un enfoque, sin filtros, en la libertad de expresión. Mientras algunos apoyan esta nueva dirección, otros la cuestionan, creando incertidumbre sobre el destino de X. La plataforma se enfrenta a un dilema esencial: ¿hasta dónde se debe llegar en la defensa de la libertad de expresión frente a la necesidad de proteger unas elecciones y la cohesión social?
No es la primera vez que Twitter se ve en la situación de ser bloqueado en un país. China, Irán, Turkmenistán, Rusia, Egipto, Myanmar o Nigeria han protagonizado bloqueos anteriormente, ya sea de manera parcial o total a la red social. La principal diferencia entre estos bloqueos y el actual bloqueo en Brasil es que este es el primero que se produce por un gobierno democrático. La situación y los esfuerzos que se hicieron durante la primavera árabe por parte de la plataforma para habilitar la publicación de lo que estaba sucediendo, ha cambiado mucho si los comparamos con lo que está ocurriendo ahora con la difusión de desinformación y la desestabilización social que provoca. Tengan en mente los recientes disturbios en el Reino Unido por los asesinatos en Southport a los que el propio Musk añadió un poco de gasolina con sus propios tweets.
Si ponemos el foco en Brasil, el 30 de agosto de 2024, el juez del Tribunal Supremo de Brasil, Alexandre de Moraes, emitió una orden que provocó el bloqueo nacional de X. Este hecho ha marcado un punto de inflexión en la relación entre las Big Tech y los sistemas judiciales de países democráticos. La decisión del juez se produjo en respuesta a la negativa de la plataforma de acatar varias órdenes judiciales que exigían la eliminación de contenido relacionado con desinformación, incluidos mensajes que incitaban a la violencia.
Brasil ha sido uno de los países donde las redes sociales han tenido un papel crucial en la difusión de información (y desinformación) política. Las elecciones de 2018 y 2022 ya habían mostrado cómo este tipo de contenido se propagaba en plataformas como X, Facebook y WhatsApp e influía en los votantes.
La respuesta de Elon Musk fue rápida y el empresario acusó al juez de censura, calificando la medida de «autoritaria» y defendiendo que X estaba protegiendo la libertad de expresión. Musk sugirió que la plataforma podría desafiar la orden judicial (utilizando Starlink) y destacando que su prioridad era mantener un espacio libre para el intercambio de ideas, incluso si esto implicaba desafiar las leyes de ciertos países.
Expertos en derechos humanos y seguridad digital argumentan que, sin moderación adecuada, la plataforma se convierte en un caldo de cultivo para el extremismo y la desinformación.
Sin embargo, esta postura ha sido duramente criticada, ya que expertos en derechos humanos y seguridad digital argumentan que, sin moderación adecuada, la plataforma se convierte en un caldo de cultivo para el extremismo y la desinformación.
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El gran éxodo
Recientemente, en mayo de 2024, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, se sumó a un número creciente de figuras públicas que han anunciado su salida de esta red social. Collboni argumentó que la propagación de odio, de intolerancia y de mentiras han sido las principales razones para tomar su decisión, reflejando el malestar generalizado entre líderes políticos y sociales por la evolución de la plataforma.
Collboni no ha sido el único. La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, también decidieron cerrar sus cuentas en X. Estas decisiones forman parte de una tendencia más amplia, donde políticos, activistas y figuras públicas han expresado su preocupación por la falta de moderación de contenido y el deterioro del discurso en la plataforma.
Desde que Elon Musk asumió el control de Twitter en 2022, la plataforma ha pasado por una transformación significativa. Entre las primeras medidas de Musk estuvo la reducción del equipo de moderación y la introducción de nuevas políticas que permitían una mayor libertad de expresión, incluso a costa de tolerar el contenido problemático. Musk defiende que todas las voces, incluso las más controvertidas, deben ser escuchadas. Sin embargo, esta decisión ha generado críticas contundentes, particularmente en relación con el aumento del contenido violento, racista y xenófobo en la plataforma.
Estudios recientes revelan que desde que Musk asumió el control, el discurso de odio ha aumentado significativamente en X. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han expresado su preocupación por cómo la plataforma gestiona el contenido extremista, señalando que la reducción de la moderación ha permitido que grupos radicales utilicen la red en beneficio propio propagando su discurso sin ningún tipo de límites.
Las decisiones de estas figuras públicas de abandonar X representan una llamada a la reflexión sobre el papel de las redes sociales en la sociedad actual. ¿Qué responsabilidad tienen estas en la promoción de un discurso público constructivo? ¿Hasta qué punto la libertad de expresión debe ser protegida frente a los discursos de odio y la desinformación?
La salida de usuarios influyentes afecta directamente la percepción de la plataforma y su relevancia como espacio de debate. La migración de usuarios a otras plataformas como BlueSky o Threads es un constante goteo. Esta situación plantea un desafío importante para X: ¿Cómo atraer y retener a los usuarios si esta res social se sigue viendo como un espacio inseguro para la reputación de quienes la utilizan?
La salida de usuarios influyentes afecta directamente la percepción de la plataforma y su relevancia como espacio de debate.
Unos datos para tener en cuenta: desde que Elon Musk llegó a Twitter, ha habido un aumento del contenido xenófobo, de extrema derecha y violento. Según datos del The New York Times ha habido un aumento aproximado del 200 % en los discursos de odio, del 60% en el uso de términos homófobos y un 61% en los mensajes antisemitas.
El debate sobre la responsabilidad de las plataformas en la moderación de contenido sigue intensificándose. Mientras Elon Musk aboga por una «plaza pública digital» con mínima intervención, sus críticos advierten que esta postura ignora el daño real que pueden causar la desinformación y el discurso de odio.
¿Una tormenta perfecta?
Tras el escudo de la libertad de expresión, Musk ya dio cobertura y apoyo a Jair Bolsonaro en su momento, y actualmente su postura pro-Trump ha generado preocupación sobre el papel que X está jugando en las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2024. Musk ha expresado abiertamente su apoyo a Trump y ha criticado al gobierno de Biden. Como compensación a este apoyo, Trump ya ha comentado que si llega a ser de nuevo presidente, pondrá a Elon Musk al frente de una nueva oficina de eficiencia gubernamental que, por lo que parece, no llegará a sacar la motosierra en los recortes de servicios públicos como Milei en Argentina, pero casi.
Si Trump llega a ser de nuevo presidente pondrá a Elon Musk al frente de una nueva oficina de eficiencia gubernamental.
El impacto potencial de X en la difusión de información electoral es considerable. Con más de 350 millones de usuarios activos, la plataforma tiene el poder de influir en la opinión pública a gran escala. La falta de moderación rigurosa permite la propagación de desinformación y teorías conspirativas, incrementando los problemas observados en las elecciones de 2016 y 2020. En esta ocasión y a diferencia de 2020, cuando Twitter implementó medidas estrictas para combatir la desinformación electoral, como etiquetar tweets engañosos, X bajo la dirección de Musk ha desmantelado muchas de estas precauciones.
El dilema de la libertad de expresión
La discusión en torno a este tema no es nueva, se viene produciendo constantemente desde que se intenta limitar qué se puede y qué no se puede publicar en determinados espacios. Y actualmente no es solo en X donde el argumento de la libertad de expresión se blande como principal razón para hacer oídos sordos y mirar hacia otro lado respecto de lo que hacen los usuarios en una plataforma. El 24 de agosto, Pavel Durov, el fundador de Telegram, fue arrestado en París. Fue detenido bajo múltiples cargos, incluidos los de colaboración con delitos de tráfico de drogas y pornografía infantil al permitirlos en Telegram. El arresto de Durov ha provocado, de nuevo, un gran debate sobre la libertad de expresión y la responsabilidad de las plataformas digitales sobre los contenidos publicados en ellas.
Hay que decir que la moderación de contenido en Telegram ha sido mucho menos estricta que en otras plataformas, lo que ha facilitado a su uso para actividades ilegales. La detención de Durov ha puesto de manifiesto las implicaciones legales y éticas que pueden surgir cuando estas plataformas no implementan medidas de moderación adecuadas.
El principal argumento a favor de la no intervención en las plataformas sociales es la preservación de la libertad de expresión. Los defensores de este enfoque, como Musk y Durov, argumentan que cualquier forma de censura es un paso hacia el autoritarismo digital. Aunque se puede ver que Elon Musk en X hace y deshace a su antojo y a su conveniencia.
El asalto al Capitolio en 2021 ha demostrado cómo la retórica ‘online’ puede traducirse en violencia en el mundo real.
En el otro lado de la balanza se constata que los riesgos de la falta de moderación son evidentes. La propagación de desinformación, discursos de odio y contenido extremista puede tener consecuencias reales y perjudiciales para la sociedad. Eventos como el asalto al Capitolio en 2021 han demostrado cómo la retórica online puede traducirse en violencia en el mundo real. Ya se ha mencionado el reciente caso de Southport, al que se pueden añadir otros como la limpieza étnica en Myanmar por mensajes en Facebook o la matanza de Utoya.
El futuro de X y las redes sociales
Los posibles escenarios futuros para las redes sociales son diversos. Desde una mayor autorregulación, hasta una intervención gubernamental más estricta. La Unión Europea, por ejemplo, ha implementado la Ley de Servicios Digitales, que impone mayores responsabilidades a las plataformas respecto a la moderación de contenido. Esta legislación ya ha provocado enfrentamientos entre Elon Musk y la UE, a la que ha acusado de ejercer «censura ideológica» e incluso se ha llegado a plantear la prohibición de X en territorio europeo por incumplimiento de la DSA (Digital Services Act).
El caso de X ilustra los complejos desafíos que enfrentan hoy en día las redes sociales. La tensión entre la libertad de expresión y la responsabilidad social, el poder de las plataformas para influir en el discurso público y las elecciones, y la necesidad de equilibrar la innovación tecnológica con la protección de los usuarios son cuestiones que requieren un debate público continuo y soluciones innovadoras.
Publicación Original
- Medio: Política & Prosa
- Autor: Carlos Guadián
- Fecha: 31/10/2024