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El activismo de postureo que no te importa nada

El activismo de postureo que no te importa nada

Todos estamos acostumbrados a ver continuamente personas que se implican en una causa. Causas hay para todos los gustos. La importancia que tengan, dependerá de la que cada persona le conceda. Y para muchos, para la mayoría, la causas de los otros no les importa nada.

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¿Y a quién le importa?

¿Cuántas veces habréis pensado «a quién le importa»? En el caso de Alaska, es lo que yo hago, pero la mayoría de los mortales, es lo que hacen otros.

Si como dicen el activismo es el compromiso de la micropolítica, me parece a mí que esta solo importa a aquellos que les afecta directamente un tema, o lo consideran crucial para que la realidad que quieren vivir sea de una determinada manera.

Los activistas pueden defender derechos de minorías o mayorías, qué más da. Seguramente, algunos, se enfrentarán al sistema como Don Quijote se enfrentó a los Molinos de viento. Denunciarán injusticias, filtrarán información y se jugarán la vida. Pero en la mayoría de los casos sus acciones nos van a quedar lejos e incluso, en ocasiones, nos parecerán ridículas.

En muchos casos, el activismo sí que se ha hecho merecedor de dichos desprecios. Se ha reducido a la mínima expresión y se ha convertido en clictivismo. Una modalidad que se da en Redes Sociales y que hace verdaderos equilibrios entre la solidaridad y el postureo. Otra acepción cercana es la de postureo ético, en el que se exhibe compromiso social, pero no se hace nada concreto. Sería algo así como hacer un pequeño gesto que cuesta poco, pero que ayuda a calmar la conciencia.

Pero vamos, que mucho del activismo que hay hoy en día, es como decía «La Polla Records», de postal. Y no solo por el postureo, ya que algunos sí que se han llegado a ser de postal, como los sellos conmemorativos de Greta Thunberg.

¿Y si realmente ese activismo de postureo, es activismo?

Mirémoslo desde otro punto de vista. Desde el del activista. Se ha concienciado con una causa. Se ha movilizado, mucho o poco, da igual. Pero, si muchos hacen lo mismo, al final sus acciones tendrán eco. Y no me refiero solo al eco-activismo 😉 .

Un activista es alguien que está activo en una campaña a favor del cambio, normalmente en cuestiones políticas o sociales.

La EDH y el acitivismo

Antes he hablado del clic-activismo o el activismo ético como unas modalidades de bajo nivel, que lo que más les importa es la apariencia y no la causa en sí mima. Pero resulta que en el activismo, hay diferentes niveles de compromiso. Desde aquellos que dan un soporte pasivo, a los que se encuentran en la planificación, organización y dirección.

Por lo tanto, si podemos considerar activismo a diferentes tipos de compromiso. Eso que consideremos postureo, porque no nos afecta o consideramos que hay otras prioridades, puede que no sea lo más acertado. No porque nosotros no sintamos la necesidad de comprometernos con un cambio, o lo creamos necesario, no quiere decir que no sea necesario.

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La superioridad moral como contrapartida

Por el mero hecho de creer en algo, no quiere decir que seamos superiores moralmente a quienes no lo creen. Considerarse mejor que los demás cierra las opciones a las razones que puedan tener otros. Y este es un peligro en el que es fácil caer. En el momento que hay concienciación y compromiso se puede pensar que quién no lo tiene, no tiene una escala de valores similar a la nuestra y, por lo tanto, es susceptible de ser descalificado. Es más, no solo quien no lo tiene, sino aquellos que tienen un compromiso contrario.

No estamos en una sociedad binaria. No es todo blanco o negro. Y el activismo que se considera con superioridad moral normalmente se sitúa en los extremos. No es un todo o nada, no es un estas conmigo o contra mí. Despreciar un compromiso porque no nos afecte esa causa, o consideremos que hay temas más importantes a los que dedicarse es hacer un flaco favor a la construcción de una sociedad más cohesionada, con más capital social.

El activismo genera capital social

Todo activismo importa y es importante para generar capital social. Hay que alejarse de la polarización y buscar vías de entendimiento. Y el primer paso debería ser ponerse en el lugar de la otra persona, intentar conocer el porqué de su compromiso. No se debe reaccionar con desprecio y mucho menos con un objetivo «anti», que no busca construir en positivo, sino sencillamente destruir algo.

Hay que trabajar el afecto, la confianza mutua, las normas efectivas y las redes sociales entendidas como grupos interrelacionados (no nos quedemos únicamente con Twitter, Facebook o TikTok que serían simples instrumentos). Para Robert Putnam estos aspectos facilitan la coordinación y la cooperación para un beneficio mutuo, algo de lo que no andamos sobrados precisamente.

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