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CluPad

Internet de ricos, Internet de pobres

diciembre 9, 2021 CluPad, Sociedad Digital
Internet de ricos, Internet de pobres

Hace unos años, cuando se empezó a tener conciencia de que Internet era algo más que un sitio donde ver gatitos y se empezó a considerar uno de los derechos digitales que tiene toda persona, la lucha estaba precisamente en eso, en acceder. El tema ha mejorado, pero todavía hoy en día hay 2.900 millones de personas que nunca han accedido a Internet.

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Pero una vez accedemos a Internet ¿llegamos todos al mismo sitio? Es decir, ¿todos podemos disfrutar de la misma Internet?

Internet de ricos, Internet de pobres

Parece que sí que hay una Internet de ricos y una de pobres. De la misma manera que nuestra capacidad económica es un reflejo de la actividad analógica, ya que esta se suele definir por aquellos sitios a los que vamos, las actividades que realizamos o de los servicios a los que tenemos acceso. Nuestra actividad digital también se ve definida por el tipo de aplicaciones que utilizamos, los contenidos a los que accedemos o los servicios a los que tenemos acceso.

Según el reciente estudio «News or social media? Socio-economic divide of mobile service consumption» publicado por The Royal Society y llevado a cabo por Esteban Moro, Iñaki Úcar, Marco Gramaglia, Marco Fiore y Zbigniew Smoreda:

Las páginas que más se visitan sirven para predecir la educación, renta y desigualdad de una zona

El uso de internet también es capaz de predecir el estatus socioeconómico. Si en una zona se leen páginas de medios, se escucha música por streaming, se chatea por WhatsApp, se consulta Google o se mandan muchos correos, la probabilidad de que sea una zona rica y usuarios con estudios es muy alta. Si, al contrario, se entra mucho en Facebook, YouTube, Snapchat, se mira porno y se juega al Candy Crush, las opciones de que sea un barrio pobre crecen.

elpais.com

El consumo de determinados contenidos parece que marca el estatus socioeconómico de los usuarios, al menos parece que el estatus predispone a consumir determinados contenidos. Esto es algo que se viene observando hace tiempo.

No hace mucho, con el confinamiento de la Covid-19 se pusieron de manifiesto las dificultades que tenían muchas personas para poder teletrabajar, y por supuesto muchos estudiantes, para poder seguir sus clases online. No disponer de un dispositivo adecuado para realizar las tareas o poder tener suficiente ancho de banda han sido elementos que apuntan a que la tecnología es la última brecha social.

Parece que la brecha del acceso a Internet se ha reducido, pero el cómo y a al que siguen marcando diferencias.

Los ricos ven una internet diferente de los pobres

Los ricos ven una internet diferente de los pobres gracias a la tecnología que permite a Google, Facebook y otros recopilar información sobre nosotros y utilizarla para adaptar la experiencia del usuario a nuestros gustos, hábitos e ingresos personales. Internet se ha convertido en un lugar diferente para los ricos y para los pobres.

Lo que la gran industria digital llama «personalización», no es más que una segregación basándose en los ingresos de los usuarios. No es solo que el anuncio que vemos de un coche o de unas deportivas sea con nuestra combinación de colores preferida, es que dependiendo de nuestros datos – en realidad meta datos – vamos a ver un determinado modelo de coche o de deportivas.

La discriminación de precios se presenta como una política empresarial para maximizar beneficios, pero tiene su daño colateral, deja en las manos de los algoritmos el pagar más o menos por el mismo producto. O sencillamente que decida que ese producto no existe para muchas personas como resultado de un análisis masivo de datos.

Internet se está convirtiendo en un lugar con realidades alternativas. Las barreras en Internet suelen ser comerciales. Los derechos de emisión o de uso basándose en el territorio físico en el que nos encontremos son habituales. Pero en cuanto a información, a realidades, hasta ahora podríamos decir que nos encontrábamos ante una sola internet, una sola realidad.

La segmentación de Internet puede afectarnos en muchos aspectos. La percepción de la realidad puede variar y en consecuencia las decisiones que adoptemos frente a ella.

Uno de los elementos clave en todo este tema es la neutralidad de la red. Un principio por el cual todo el tráfico de internet debería ser tratado de la misma forma. Por lo tanto, las operadoras no deberían poder discriminar el tráfico de un determinado servicio en beneficio de otro con el que si que tenga un acuerdo. Tenemos que tener en cuenta que con la caída de la neutralidad de la Red, Internet pierde su esencia comunitaria.

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Un ejemplo que muestra la situación a la perfección. Internet.org de Facebook proporciona acceso gratuito a Internet a los usuarios de muchos países en vías de desarrollo. Cuál es el problema, que solo pueden acceder a los contenidos permitidos. No es un acceso libre a todo Internet, únicamente a unas 40 escasas webs y no en todos los países.

Esta «segmentación» es uno de los argumentos por los que la India ha prohibido el Internet gratis de Facebook. Imaginar la dependencia de estos países, de estos usuarios de los contenidos proporcionados por Facebook, aka meta. Después de todo lo que ha ocurrido con Facebook como vamos a confiar en los contenidos que proporcione.

Los ricos tienen una internet más privada, más segura

¿Pero realmente la pobreza está realmente ahí? Ya he comentado al principio que la batalla del acceso existe desde hace años. La batalla en estos momentos está en otros aledaños. Y no solo en los contenidos, también en otros aspectos como la privacidad y la seguridad.

Son aspectos que en estos momentos marcan la diferencia y en principio sólo aquellos que disponen de recursos pueden permitirse una Internet privada y segura. Contratar servicios como redes privadas virtuales (VPN) para navegar de manera anónima ya supone un gasto importante para cualquier usuario. Es cierto que se pueden utilizar otras herramientas como la red Tor, the invisible Internet Project o Freenet pero, hay que tener el conocimiento y la concienciación necesaria para ello.

Partamos de la base que la mayoría de servicios en Internet son gratis. Bueno, decir gratis es mucho. A cambio ofrecemos todos nuestros datos y la consabida frase de «si algo es gratis en Internet, es que el producto eres tú» se hace realidad. Pero como dice José Manuel Sanz «si algo en Internet te resulta gratis, es que eres pobre.»

El que se lo pueda permitir podrá navegar de forma privada. Podrá comprar los servicios pro, sin anuncios, sin rastreadores y con todas las protecciones posibles para evitar ataques de todo tipo, incluidos los del ransomware.

Los ricos son los que acabarán teniendo el derecho a ser analógicos

La Internet que parecía que nos salvaría de la ignorancia es hoy en día el mayor foco de desinformación. La Internet que parecía que democratizaría el mundo se ha convertido en un instrumento de supeditación por excelencia. De ahí que el control que se ejerce a través de la red empiece a ser objeto de regulación.

El derecho a la desconexión ya es algo que está regulado, pero sigue sin respetarse. ¿Quién no ha recibido un mail o un WhatsApp en pleno fin de semana? Solo aquellos que se lo pueden permitir ejercen su derecho a ser analógico. Hay que garantizar el derecho a no ser digital para aquellos que así lo prefieran.

Ese derecho a ser analógico, de momento lo pueden ejercer personas como los millonarios de Silicon Valley que llevan a sus hijos a escuelas donde está prohibido el uso de la tecnología. Ponen en valor que más allá del secuestro que sufrimos con las pantallas se pueda fomentar la creatividad y el desarrollo personal. Les pueden ofrecer alternativas en educación, deportes, cultura que la mayoría de familias no se pueden permitir. Una mayoría de familias que ha visto en Internet el canguro ideal para tener entretenidos a sus hijos.

Medir la pobreza en Internet

Internet más que reducir la diferencia entre ricos y pobres, la ha acentuado sin darnos cuenta. Pensamos que en eso, en Internet somos iguales y no es así.

Los países ricos utilizan 30 veces más Internet que los países pobres y como indicador está muy bien. Sabiendo el gasto medio de los usuarios se puede ver también el nivel de desarrollo de un país. De ahí que poder medir esta pobreza de Internet sea un elemento en el que se está trabajando.

World Data Lab (WDL) ha desarrollado un marco de medición global de la pobreza en internet. Las personas que no pueden permitirse un paquete básico de conectividad -fijado en 1,5 gigabytes (GB) al mes a una velocidad mínima de descarga de 3 megabits por segundo (Mbps) )- son pobres en Internet.

Pero no es el acceso la diferencia, ni debe ser el único indicador para medir la pobreza en Internet. Factores como la tipología de contenidos, dispositivos, programario, privacidad y seguridad o el derecho a la desconexión deberían ser claves para determinar si un usuario es pobre o rico.

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